Testimonios

Somos Leonardo y Orildes de Londrina-Paraná. Somos amigos de las Hermanas de Santa Ana desde 1982, cuando nuestra hija de cuatro años entró en la escuela inicial que tenían las Hermanas. A continuación hemos participado a la pastoral vocacional que ha estrechado aún más nuestra relación y amistad con las hermanas. En aquella época la zona alrededor de la casa de las Hermanas estaba completamente aislada, así que con la construcción de nuestra casa allí, nos convertimos en sus primeros vecinos. En aquel periodo era Superiora Delegada Sor Franca Macchioni.

Una propuesta impensable. En el 2003 hemos recibido la visita inesperada de Sor Cristina (de feliz memoria) y Sor Isabel que vinieron a nuestra casa a lanzarnos una propuesta: pensar y meditar la posibilidad de formar un grupo de laicos en la comunidad con esta específica finalidad: * Conocer y hacer nuestra la experiencia de vida conyugal de Carlo y Giulia, sus fundadores. * Colaborar, según el espíritu propio de las Hermanas de Santa Ana, en el servicio de evangelización para extender el Reino de Dios, teniendo como campo preferencial los pequeños y los pobres. Así se lanzó la semilla del grupo LASA (Laicos Amigos de Santa Ana).

Camino formativo: Como grupo hemos vivido un largo camino de estudio, de encuentros formativos y de espiritualidad, para conocer la vida de los fundadores, de Madre Enriqueta y para profundizar el conocimiento del carisma de las Hermanas de Santa Ana. A continuación las Hermanas nos organizaron en células, o sea, grupo de cuatro o cinco parejas, que nos encontrábamos una vez al mes en la casa de una de las parejas y contando con la presencia de una de las Hermanas, estudiábamos y compartíamos la Palabra de Dios. Tema particularmente significativo para todos nosotros fue la lectura meditada de las “Bienaventuranzas” que nos ha llevado al corazón del Evangelio, presentándonos el verdadero rostro del cristiano.

A nosotros nos gusta hacer parte de la “familia” LASA, porque además de vivir los valores evangélicos que caracterizaron la vida de Carlo y Giulia, nos empeñaos en dar testimonio de vida cristiana en el trabajo y en el ambiente en el que nos encontramos. Estamos también junto a las hermanas en el trabajo social, cultural y religioso que llevan a cabo, especialmente en los proyectos que llevan adelante las diferentes comunidades. Una característica de nuestro grupo LASA de Londrina es que todos los participantes estamos implicados también con los movimientos y con varias áreas pastorales de la parroquia.

Sede del Primer Congreso Continental: Para nosotros ha sido motivo de mucha alegría y honor hospedar, en el mes de mayo del 2014, a los amigos de LASA provenientes de México, Argentina y Perú, con ocasión del I Congreso Latinoamericano, cuya riqueza de contenidos fue ya compartida por los amigos de México Octavio y Maricela. Para nuestra familia y para todas las demás familias que han hospedado a estos amigos fue una experiencia única de internacionalidad. Nos permitió experimentar un poco el espíritu que animó a nuestra Beata Madre Enriqueta a abrirse a la realidad de las Misiones, enriqueciendo la Congregación de las Hermanas de Santa Ana de este espíritu y realizando el deseo de Jesús de ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio. En aquellos pocos días nos pareció que nuestro corazón se ensanchaba, hasta el punto de acoger a todo el mundo.

Proyectados hacia el futuro: En nuestra vida de pareja reconocemos que hemos crecido, hemos madurado en nuestra vida familiar y espiritual. Hemos aprendido a mirar con ojos nuevos a la comunidad, la misión, a los más pequeños y pobres, amándolos con un corazón diverso, hecho de esperanza y confianza, dejándonos guiar por la experiencia de Carlos y Julia, que han hecho de todo para dar vida y dignidad a todos. Y hemos aprendido también a afrontar los momentos difíciles fiándonos del Papá Bueno, como hizo Madre Enriqueta. Todavía estamos algunas de aquellas parejas de la “primera hora”, que con nosotros iniciaron a participar en LASA en el 2003: Aparecida y Jair, Michele y Roberto, João y María, Wilson y Neide, Benedita y Luiz, Norberto y Alice, y con otras parejas, viudas y jóvenes que en el transcurso de estos años se han unido a aquel grupo originario: algunos perseveran con entusiasmo, otros por diversos motivos han tenido que dejarlo. Con estos hermanos, podemos decir de haber recorrido este camino, sobre las huellas de Carlo y Giulia, gracias a la iniciativa y a la guía de las Hermanas, por las cuales nos sentimos todos muy agradecidos. Por medio de “nuestras” hermanas de Brasil, hemos aprendido a sentir como nuestras a las Hermanas de Santa Ana esparcidas en el mundo y a sentirnos hijos de las Madres Generales que hemos tenido la gracia de conocer. Para todos nosotros es una bendición hacer parte de este grupo de amigos de Santa Ana. Reflejarnos en la vida de los siervos de Dios Carlo y Giulia , de la beata Madre Enriqueta, nos ayuda a vivir siempre mejor nuestra vida familiar, según lo que Cristo nos pide en el Evangelio. Nuestra presencia como grupo es también una presencia que se traduce en oración especialmente a Santa Ana y a Madre Enriqueta, por todas las hermanas del Instituto, para que sean fieles a su vocación y perseverantes en hacer siempre vivo el Carisma que los fundadores les han confiado. Pero es también un empeño fuerte para nosotros, como grupo, rezar por el don de nuevas vocaciones.

Leonardo e Orildes


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